17 junio, 2011

AL OTRO LADO DEL MONITOR

No puedo evitar que algunas lágrimas se escapen de mí, ya que al encontrarme en esta situación me es inevitable dejar esta historia en el olvido, solo espero tener las fuerzas necesarias para terminar este escrito.

Me encontraba en vacaciones de verano y al igual que muchos chavos de mi edad, el tiempo que tenia de ocio lo dedicaba a estar en internet revisando alguna de mis redes sociales. También me gustaba mucho leer, cuando no estaba en la red me encontraba en alguna biblioteca, era uno de mis lugares favoritos, nada fuera de lo normal.

Aunque deje el internet por unos días ya que mi madre me dijo que eso se me estaba volviendo una adicción, pero me dio demasiada ansiedad el no saber si alguien me había escrito o algo por el estilo. Así que prendí mi computadora, abrí el navegador y teclee la dirección electrónica de mi red social. No tenía ningún mensaje pero había una solicitud de amistad.

Al ver esto, de inmediato di clic para ver quién era esa persona y me di cuenta de que se trataba de un compañero que tuve en la primaria. Él era el típico niño del salón al que todos molestaban, principalmente yo, por ser rellenito, usar anteojos y “braquets”. Le apodábamos “El Buda”.

No tenía foto en su perfil, lo único que me hacía pensar que era él era su nombre porque tenía el nombre y apellidos idénticos, así que acepte su solicitud de amistad porque lo conocía y me daba curiosidad saber que había sido de él.

Cuando estaba revisando su perfil observe que no tenía fotos y que yo era el único al que tenía agregado, su cuenta en aquella red social estaba parcialmente vacía. Pero no le di importancia y seguí checando otras cosas.

Siguieron transcurriendo los días y de repente al revisar mi perfil observe que tenía un mensaje, y era de quien menos me esperaba, de “El Buda”. El mensaje decía lo siguiente:

“Hola que tal viejo “amigo”, espero te encuentres muy bien. Tengo muchas ganas de platicar contigo y saber que ha sido de ti y de los demás compañeros del colegio.” -B

Esto me confirmo que era la persona quien pensaba. Pero todo eso se me hizo muy raro, ya que llamarme “amigo” a mí, que le hice difícil la existencia en la primaria no era muy común en una persona cuerda. Pero bueno, le seguí la corriente y le conteste de inmediato:

“Hola, estoy muy bien, gracias. ¡Que sorpresa saber de ti!, estaría muy bien platicar y ponernos al tanto. Si quieres mañana en la tarde podemos platicar en el chat”

Al día siguiente, como prometí, en la tarde me conecte al chat. Y para mi sorpresa, al instante de que entre al internet me llego un mensaje de él diciéndome que me había estado esperando. Y comenzó la plática. Estuvimos conversando como dos horas, y aclaramos que cuando lo molestaba era porque éramos unos niños y que así nos comportábamos, a lo que el rápidamente me contesto que no había problema y que todo había quedado en el pasado. Me había llegado a caer un tanto bien el tipo.

Quedamos de volver a platicar algún otro día. Y así lo hacíamos casi todos los días, hasta que se ganó mi confianza a pesar de que no lo había vuelto a ver en persona desde el colegio hace años atrás.

De repente, hubo un periodo de tiempo en que volví a perder contacto con él, pero no le di importancia. Hasta que empecé a recibir llamadas perdidas y mensajes que traían la inicial: -B.

No encontraba explicación a eso pero llego un momento en el que esto se volvió insoportable porque recibía mensajes sin control diciéndome:

“-Haber ahora tu grita como cerdo.”, “Déjame sobar tu pansa para que me des suerte, maldito gordo”. “Puedes abrir mi lata de refresco con tus diente por favor.”

Lo que me hizo sospechar que el que mandaba los mensajes era “Buda”, porque los insultos eran exactamente iguales a los que yo le decía en la primaria, y esto me decía que su perdón había sido ficticio. Mi vida poco a poco se fue convirtiendo en una pesadilla, tenía demasiada inseguridad.

Después de un tiempo su acoso ceso, y casi volví a tener tranquilidad por un tiempo. Y en medio de esa tranquilidad me dirigí a la biblioteca a leer algún libro para distraerme un poco.

Cuando llegue a la biblioteca se respiraba un poco de paz porque no había demasiada gente. Tome un libro de chistes y me puse a leerlo. El tiempo transcurrió y empecé a darme cuenta de que los únicos que quedábamos eran el bibliotecario y yo.

El encargado de la biblioteca, no se veía muy grande, tendría apenas un año más que yo si no es que estaba de mi misma edad, tal vez era uno de esos jóvenes que brindan su servicio para acreditar alguna materia.

Al quedar los dos solos en la biblioteca, el joven me hablo y me ofreció café, yo acepte ya que se me hizo muy cortes de su parte. Al terminar de beber el café comencé a sentirme muy mareado hasta caer sobre la mesa.

Al despertar me di cuenta de que ya no estaba en la biblioteca, sino en un automóvil que estaba moviéndose. No pude ver nada porque tenía tapados los ojos con un trapo, y tampoco gritar porque mi boca estaba sellada con cinta.

El miedo dentro de mí era incontrolable. Pero de repente el auto se detuvo y el tipo me bajo del carro y empezó a torturarme. Antes me quito la venda de los ojos y pude ver que era el bibliotecario, después de eso solamente me dijo cinco palabras:

“¿Me recuerdas?, Soy el buda. Jajajaja!”

Esto me estremeció y solo pude dar un grito al sentir como introducía navajas de afeitar en mis piernas y brazos. Estábamos en lo profundo de algo que parecía un bosque. El me veía y daba vueltas en círculos reclamándome porque había destruido su infancia. Y ahí yo me arrepentí de haberle hecho tanto mal. Pero eso no justificaba lo que me estaba haciendo.

No sé cómo pude pero me desate de manos y pies, y con una roca le herí la cabeza dejándolo fuera de si por un momento. Como pude intente huir llegue a esta cabaña, he intentado llamar a la policía con mi celular, pero no hay señal. He perdido mucha sangre y me siento muy débil.

Por fin! gracias a dios pude enviar un mensaje a mi madre pidiéndole auxilio, solo espero que venga pronto.

Escucho la voz de alguien afuera, por dios es él, tengo mucho miedo…

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